domingo, 3 de marzo de 2013

John Grisham, el abogado que quiso ser escritor

Por JOAQUÍN RODRÍGUEZ

Que la literatura y el cine vayan de la mano no es ninguna novedad. Que cinco de tus novelas se conviertan en películas supertaquilleras es toda una proeza.

John Grisham, antiguo abogado estadounidense decidió dejar las Salas de Juicios para convertirse en escritor de novelas. Sus obras tienen siempre un hilo conductor: un periodista o un abogado se ve inmerso en una lucha contra el poder arriesgando su propia vida. Por el camino se descubren todo tipo de enjuagues, conspiraciones y corruptelas; dando forma con todos estos ingredientes a unas fantásticas y ácidas críticas hacia el poder establecido.

El escritor embellece sus novelas con ‘perlas’ sobre el mundo la abogacía y de la política, dos áreas que conoció de primera mano. Conocido por sus thrillers políticos y judiciales, John Grisham ha vendido más de 250 millones de ejemplares por todo el mundo. Entre sus obras destacan best-seller como: La Tapadera, El informe Pelícano, El Cliente, Tiempo de Matar y Legítima Defensa. Todos ellos reconvertidos en grandes superproducciones de Hollywood durante la década de los noventa.

Trepidantes Thrillers como El Cliente, en el que un Fiscal Federal, encarnado por Tommy Lee Jones, y una valiente abogada, Susan Sarandon, se ven inmersos en una lucha contra la Mafia por salvar la vida de un niño que ha visto demasiado. La película dirigida por Joel Schumacher en 1994, consiguió para Susan Sarandon el premio BAFTA a la mejor actriz y su nominación al Oscar de la misma categoría por su conmovedora actuación.

Otro taquillazo fue La Tapadera, dirigida y adaptada al cine por el oscarizado Sydney Pollack en 1993, narra la historia de un joven y prometedor abogado interpretado por Tom Cruise, que ve cómo la idílica vida que había planeado trabajando en un bufete de abogados de Memphis, se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar. Secundarios de lujo como Gene Hackman, Holly Hunter y Ed Harris, completan el cartel de una película en la que el espectador se ve envuelto en un guión que mezcla mafiosos, asesinatos y peligrosos abogados.

Y aunque son todas muy buenas, hoy toca, cómo no, una de periodistas. Estoy hablando del Informe Pelícano (1993).

Julia Roberts y Denzel Washington encabezan el reparto de un thriller político, bajo las órdenes del director Alan J. Pakula. El informe Pelícano narra la investigación del asesinato de dos jueces del Tribunal Supremo de los EEUU. La joven estudiante de derecho Darby Shaw, interpretada por Julia Roberts, descubre la conexión entre los dos asesinatos y elabora un informe, El Informe Pelícano, que explica quién ha podido ordenar las muertes.

Este informe pone en su punto de mira a una empresa petrolera, interesada en liquidar a los dos magistrados con tendencias ecologistas. La compañía pertenece al magnate Victor Mattiece, amigo y benefactor, del mismísimo Presidente de los EEUU. El informe debe su nombre al pelícano, un ave amenazada por las prospecciones petrolíferas de Mattiece.

El importante hallazgo se torna rápidamente en pesadilla para Shaw. La gente implicada pretende ocultar el contenido del revelador informe, y silenciar a todos los que conocen de su existencia. En el camino por salvar su vida, Darby Shaw contacta con el periodista, Gray Grantham, interpretado por Denzel Washington. Este aguerrido compañero se enfrentará junto a la joven abogada, a todo tipo de obstáculos y peligros para conseguir contar la verdad de los asesinatos, y con ello salvarse. Moraleja: la información te hace libre.

Durante la película, el Director juega con las semejanzas y diferencias entre la abogada y el periodista a la hora de investigar. Dos papeles totalmente intercambiables y entrelazados, que hacen de este juego el eje central de la película. La siguiente escena entre Gray Grantham y Darby Shaw refleja el duelo latente entre estas dos profesiones.
Grantham. - ¿Cómo me ha localizado?

Shaw. - Estuve hablando con su jefe.

G. - ¿Él se lo dijo?

S. – Bueno… le expliqué que yo era su hermana Mary, que estaba en la ciudad de visita y que
no le encontraba.

G. - ¿Quién le ha dicho lo de mi hermana Mary?

S. - No es usted el único que sabe investigar.

Además la película recoge, paso a paso, toda la investigación del periodista. Sus horas de desvelo, la brega con el director, el bullicio de la redacción, la pillería para lograr información y el buen retrato de los útiles de trabajo, como la cámara con teleobjetivo y la siempre socorrida grabadora; componen una certera instantánea de la labor informativa.

También hay que destacar la habilidad de Alan J. Pakula, a la hora de rodar los asesinatos. En estas escenas, la cámara se retira un instante antes de que ocurra, evitando hacerlo explícito. La imagen se desliza suavemente hacia el lado contrario de la estancia, oyéndose nada más que el tiro de gracia o el forcejeo de la víctima según el caso. La imaginación del espectador hace el resto.

En la película, el peso de las conversaciones de los ‘malos’ deja entrever la particular visión que tiene John Grisham, de los asesores políticos. En la siguiente escena, el Presidente de los EEUU y su mano derecha, el astuto Fletcher Coal, hablan sobre las consecuencias mediáticas del Informe Pelícano, en caso de ser publicado.
Coal. – Sé lo que Grantham escribirá: ‘Un amigo del Presidente que financió su campaña, pagó a alguien para que matara a dos jueces del Supremo, para que su amigo el Presidente, nombrara a dos personas más razonables. Y así poder sacar su petróleo.’ Y si Voyles (Director del FBI) filtra que usted le pidió que no investigara el informe nos acusarán de obstrucción a la justicia.

Presidente. – ¡Hay que joderse!

C. – Señor Presidente. Aun así podríamos arreglarlo.

P. – Arreglarlo… ¿cómo?

C. – Nombraremos a dos jueces ecologistas. Dos amantes de la naturaleza que paren a Mattiece y su proyecto. Cite a Voyles en el Despacho Oval, y en presencia del Fiscal General, exíjale una investigación inmediata de Mattiece. Yo filtraré copias del informe a todos los periódicos. Después aguantaremos el chaparrón como sea.

P.- Tiene que existir alguna manera de hacer desaparecer ese maldito informe de una vez para
siempre.

C. – Estoy trabajando en ello.

P. - ¿¡Qué!? ¿Cómo?

C. – Señor Presidente, no haga preguntas.

Para cerrar la película con un guiño a nuestra profesión… Gray Grantham termina de escribir su explosivo reportaje y se dispone a poner el broche a su investigación. En una sucesión de escenas, el veterano periodista realiza una serie de llamadas para recabar la declaración de los implicados en la conspiración, e incluirlas en la información. Toda una lección de periodismo, que deja semblantes serios y cabreados entre los implicados del caso, y que dibuja en la cara de nuestro personaje la sonrisa del triunfo.





Publicado el 3 de marzo de 2013 por Joaquín Rodríguez.
 

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